—¿Estás aquí? —me preguntó.
—¿Y dónde crees que estoy? —contesté sonriendo. Realmente, no había ningún lugar en el quisiera estar más que allí, en la hierba, bajo la sombra alargada de unos cipreses centenarios junto al hombre que quería.
—No estás aquí —insistió él—. No estás aquí.
Quería que me diese cuenta de algo. Suspiré, me acomodé de nuevo en la hierba y cerré los ojos. Él tenía la extraña habilidad de colarse en mi interior y de saber lo que allí ocurría antes incluso de que yo me diese cuenta de ello.
…—¿Y dónde crees que estoy? —volví a preguntarle sin demasiada convicción.
Pero no me contestó, jamás lo hacía. No me facilitaba las claves, nunca. Fue un maestro duro…
© Aguilar
Diseño: Paso de Zebra
Desarrollo: Tres Tristes Tigres